Resumen
Inmersión cultural
Aventura y trekking
Exploración urbana
Historia y arqueología
Puerta a Bolivia
Para el viajero hispanohablante, La Paz es una ciudad que se vive en castellano y en aymara a partes iguales. El cañón que la contiene se desploma unos 400 metros desde el borde de El Alto hasta el fondo del valle, y sus barrios descienden en cascada por las laderas — desde los mercados aymaras de la zona alta hasta las calles arboladas de la Zona Sur. El Mi Teleférico, una de las redes de teleférico urbano más extensas del mundo, conecta estos estratos y funciona como mirador aéreo permanente. El Mercado de las Brujas en la calle Linares vende fetos de llama disecados, hierbas medicinales y amuletos ligados a la tradición aymara. La Iglesia de San Francisco, con su fachada mestizo-barroca, la Plaza Murillo como sede de gobierno y la calle Jaén con sus pequeños museos forman el núcleo colonial. Cada jueves y domingo, El Alto acoge la feria al aire libre más grande de América. Las excursiones de un día llevan a las ruinas preincaicas de Tiwanaku, al Valle de la Luna de formaciones arcillosas y a la Ruta de la Muerte para ciclistas de montaña. La Paz es también punto de partida para el Salar de Uyuni, el Lago Titicaca y el Amazonas vía Rurrenabaque. El soroche (mal de altura) es frecuente al llegar: aclimatarse despacio, hidratarse bien y masticar hojas de coca.
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